Los actos de violencia perpetrados por grupos delictivos en varios estados del país durante el fin de semana pasado, además de ocasionar daños irreparables a la población, generaron efectos adversos en la industria y en las diferentes actividades económicas que se desarrollan en entidades afectadas.
Si tomamos en cuenta que los atroces eventos se presentaron en Baja California, Chihuahua, Guanajuato y Jalisco, esta ola de violencia afectó al 18% del Producto Interno Bruto, tomando en consideración que esa es la aportación de esos cuatro estados al PIB nacional.
Tan solo como dato, el estado de Baja California, que fue una de las entidades más afectadas por estos ataques, registró una pérdida neta de 40 millones de dólares sólo en exportaciones industriales, de acuerdo con datos de la Asociación de la Industria Maquiladora y de Exportación (Index); puesto que el pasado sábado 13 de agosto únicamente cruzó el 20% de los camiones que suelen trasladar productos y materia prima por el carril de exportación a Estados Unidos, es decir que de 2 mil 500 camiones solo pasaron 500.
Por supuesto que el descontento de los empresarios no se hizo esperar y exhortaron a las autoridades federales y estatales a procurar la seguridad en general; asegurando que es necesaria la intervención inmediata, ya que la violencia en México puede tener fuertes repercusiones en la Inversión Extranjera Directa.
Además de la petición para combatir la violencia, los diversos comunicados emitidos por parte de las organizaciones empresariales, expresan la necesidad de proteger la economía nacional, pues no es secreto que la violencia y los problemas sociales dentro de cualquier nación generan desconfianza en las inversiones extranjeras y la imagen de los comercios.
¿CÓMO AFECTA LA VIOLENCIA A LA ECONOMÍA MEXICANA?
Al momento de decidir una inversión productiva en otro país, las compañías toman en cuenta la cercanía que este tiene con los principales mercados de consumo, la infraestructura industrial y de transportes con la que cuenta, y por supuesto, el ambiente político social y económico en el que se encuentra inmerso el país en cuestión.
Asimismo, las compañías tienen en consideración costos relacionados con seguridad e imprevistos; sin embargo, con este tipo de atentados todos estos costos destinados a seguridad y los riesgos que implica operar en México se ven incrementados; por lo que tienen que ser evaluados dentro del costo de oportunidad, generando limitantes para las inversiones tanto nacionales como extranjeras.
Las empresas que deciden tomar el riesgo e invertir suelen incorporar los costos de seguridad y de sus pérdidas ante este tipo de actos delictivos en el precio de sus productos, lo que evidentemente eleva los precios al consumidor y termina perjudicando a toda la economía en su conjunto.
LOS RIESGOS PARA MÉXICO
De continuar la ola violencia y los ataques por parte de grupos delictivos, la economía mexicana corre grandes riesgos, pues a consecuencia de ello, se podría obstaculizar el su crecimiento, tomando en cuenta que gran parte de las proyecciones se sustentan en la relocalización de procesos productivos durante los próximos años.
Justo ahora es cuando se tienen que tomar acciones para frenar la inseguridad y la violencia que han aquejado a nuestro país desde hace varios lustros, pues México se encuentra en una coyuntura sin precedentes gracias a que se ha posicionado como el destino favorito de las inversiones productivas del nearshoring. Además de que con las resientes querellas entre México, Estados Unidos y Canadá, a causa del T-MEC y sus estipulaciones; no es precisamente el momento idóneo para descuidar la escasa estabilidad interna que nos queda y tirar por la borda una oportunidad única.